Mientras las nubes, deshilachadas, convertidas en jirones de niebla, se aferran aún a las altas cumbres, un creciente círculo azul inunda de luz los apretados tejados de Santa Marina. Son las cinco de la tarde de un desapacible domingo de octubre, que, ahora, empieza a cambiar.
Por las calles estrechas y limpias de Santa Marina apenas se oye un trajín de mesas y cacharros procedente del bar la Ardilla Real.
—Es bonito este sitio, ¿verdad?
—Sí, sí que lo es. Y tranquilo, además.
La mujer de la ventana vuelve a sus quehaceres después de decirme que pasa los inviernos en León, donde incluso hace más frío que aquí.
El sol, el silencio y un mortecino aquilón me acompañan en mi paseo, corto paseo, hasta la iglesia.
Al lado del templo, un feraz ciruelo deja caer sus pequeños y sabrosos frutos sobre las losas de piedra. Nadie los recoge. Allí mismo acaban de madurar y se pudren.
Un hombre mayor, de trabajosos andares y espinazo encorvado, sale de su casa. No me habla, ni siquiera me mira. Quizá no le gusten los tipos como yo. Esos que rúan las calles de su aldea con una cámara de fotos en la mano, tratando de lograr un encuadre aceptable de uno de los muchos hórreos del pueblo. Hórreos que acumulan bajo su panza toda suerte de cachivaches, como si alguien hubiera querido romper adrede la estética del pasado.
Doy media vuelta. Ya no se oye ningún ruido; sólo el débil susurro del viento y el trote lejano de los finos caballos de la Yeguada del Cares.
Sin turistas, casi sin vecinos, Santa Marina se queda en silencio, agazapada en su nido de montañas, como aguardando, impasible o resignada, el blanco y cercano abrazo del invierno.
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martes, 4 de noviembre de 2014
lunes, 27 de octubre de 2014
Una pequeña montaña olvidada
Domingo de otoño, días cortos, tiempo apacible. ¿A dónde ir? ¿Por qué no a la Cantadota? ¿A la Canto... qué?, dirá más de uno. La Cantodota pertenece a ese nutrido grupo de pequeñas montañas de Picos olvidadas, inmerecidamente olvidadas. Pese a su modesta altura, la Cantodota tiene dureza, emoción, soledad y ambiente de gran montaña.
Cuando de regreso a Cordiñanes comenté mi "hazaña" me miraron como a quien le flaquea el juicio: "¿A la Cantodota?, pero si ahí ya no sube nadie". Ya, me lo temía.
Por si alguien se anima, la descripción, las fotos, el mapa y el track de la ruta se pueden descargar en mi página www.endefensadelasmontanas.com
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| La cima de la Cantodota, un balcón para sibaritas. |
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| No hay duda, me encuentro en otro mundo. |
Cuando de regreso a Cordiñanes comenté mi "hazaña" me miraron como a quien le flaquea el juicio: "¿A la Cantodota?, pero si ahí ya no sube nadie". Ya, me lo temía.
Por si alguien se anima, la descripción, las fotos, el mapa y el track de la ruta se pueden descargar en mi página www.endefensadelasmontanas.com
miércoles, 15 de octubre de 2014
El invierno se acerca a Picos
Parece que este año el invierno se resiste a venir a Picos. Eso sí, amenaza con algún amago que otro. La roca ya no está seca y por las cabeceras de los argayos comienza a correr el agua. Así estaba ayer el Pamparroso.
¿Para cuándo la primera gran nevada?
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| Cabecera del argayo la Gracia. Mucha humedad por la mañana, había que bajar con precaución. |
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| El Jorcau del Hoyo de la Llera. |
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| Cresta de la Torre del Medio o Torre del Hoyo de la Llera. |
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domingo, 12 de octubre de 2014
Manchas de pintura en la sur del Friero
Sábado, 11 de octubre de 2014.
Aparco el coche en Cañabedo. Muchas nubes pero temperatura agradable. Con calma, saboreando la tranquilidad de este rincón de Picos, paso por la majada cimera de Chavida. Remonto la canal y alcanzo la collada de Chavida.
En lugar de la ruta normal de ascensión al Friero por el norte, decido subir por la canal sur. Comienzo a rodear los paredones de la Punta Sureste. Hasta aquí, todo perfecto. Pero, al embocar la canal hacia la horcada alta de Chavida, empiezo a ver innumerables manchas de pintura roja. Desde la horcada, manchones amarillos alternan con los rojos.Ya en la canaleta, aparecen incluso flechas pintadas en la roca.
Atónito sigo hasta la cima.
Prefiero no hacer más comentarios. Quiero suponer que habrá alguna explicación razonable.
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Aparco el coche en Cañabedo. Muchas nubes pero temperatura agradable. Con calma, saboreando la tranquilidad de este rincón de Picos, paso por la majada cimera de Chavida. Remonto la canal y alcanzo la collada de Chavida.
En lugar de la ruta normal de ascensión al Friero por el norte, decido subir por la canal sur. Comienzo a rodear los paredones de la Punta Sureste. Hasta aquí, todo perfecto. Pero, al embocar la canal hacia la horcada alta de Chavida, empiezo a ver innumerables manchas de pintura roja. Desde la horcada, manchones amarillos alternan con los rojos.Ya en la canaleta, aparecen incluso flechas pintadas en la roca.
Atónito sigo hasta la cima.
Prefiero no hacer más comentarios. Quiero suponer que habrá alguna explicación razonable.
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